Estambul y Capadocia. Exotismo y Magia
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Hace unos años, tuve el placer de realizar un viaje semi-profesional a Turquía. Visitamos la Capital y en Autocar nos desplazamos a Capadocia.
Era pleno invierno y soportamos un frío pelón... poca broma!
Al regresar se me quedó la cara negra y quemada. A los pocos días, me fui despellejando y recuperé, poco a poco, mi tono de piel natural. Yo, que he sufrido alguna que otra insolación, jamás pensé que también el frío unido al viento pudiera ocasionar tales estragos.
Lo cierto es que iba protegido por un gorro de lana que compré en el viejo bazar de Estambul y que me costo sudores, ya que no excesivos millones de liras turcas... verán... una de nuestras jóvenes compañeras no se sentía capaz de regatear y viendo su apuro, le eché una mano; después de llegar a un arreglo satisfactorio, le pedí al comerciante. otro ejemplar idéntico para mí y se negó en redondo, aduciendo que si lo quería... habláramos del asunto, así que de nuevo a regatear otros diez minutos! Esta vez, aprovechando mi visible agotamiento, el precio final no fue tan ventajoso... y además, la famosa gorra solo me protegió parte de la frente y las orejas. Pero lo estúpido de toda esta historia es que, se trataba de conseguir un descuento equivalente a menos de 2 euros... claro que equivalía a casi un 50% y que en liras turcas... eran millones!
Pero un recomendable regalo para la Novia o Esposa, son unos finos arillos de oro reunidos y entrelazados en una preciosa sortija, joya típica de aquí, que podrán fácilmente encontrar en el Gran Bazar y en esto sí que vale la pena, entretenerse en regatear a fondo, además existen allí, múltiples tiendas de joyería.
Otra cosa interesante, aparte de las consabidas alfombras que es recomendable comprarlas en Capadocia, son las “pipas de espuma de mar” –sepiolita- que también se encuentran a un más ventajoso precio en Capadocia y alrededores, aún así, si son auténticas (cuidado con las imitaciones, el liviano peso de las verdaderas, es buena muestra) no se las venderán por menos de unos centenares de Euros. Las cazoletas están increíblemente talladas asemejando cabezas de personajes y por su fina y casi incorpórea liviandad, miradas a contraluz producen unas transparencias en preciosos tonos suaves y anacarados.
Éramos un grupito de 9 Profesionales de Turismo y nos asignaron un apolíneo joven guía Turco llamado Tárik, que nos acompañó durante la semana que permanecimos en el País.
El tal Tárik, agraciado, alto, de porte occidental, de buenas maneras y sin bigote pero con una incipiente barbita, dejó “embobadas” a nuestro mayoritario elenco femenino.
Tal vez para mantenerlas a raya, nos contó que tenia novia y además nos relató con todos los pormenores, la graciosa ceremonia de su presentación en casa de sus futuros Suegros. Por lo visto, a pesar de ser los novios de costumbres modernas, en atención a los familiares, tuvieron que avenirse a soportar el rito ancestral de la “petición de mano” y aún con el consentimiento previo, Tárik, fue sometido a un interrogatorio que le costó sudores superar.
No es este el caso, pero como curiosidad, les cuento que en Turquía existe un alto grado de matrimonios consanguíneos (más del 20%) debido a que estas uniones concertadas entre familiares, conllevan una considerable rebaja en la “dote” de la novia.
Tárik, además de las clásicas visitas turísticas de la Capital, también incluyó unas rápidas visitas profesionales a los Hoteles más emblemáticos de la ciudad. Nos llamó la atención que en uno de ellos nos hiciera los honores, una hermosa Dama Turca elegantemente vestida al más moderno estilo occidental.
Por cierto, que al regresar al Hotel nos detuvimos sorprendidos frente a una rara tienda (tal vez, la única en la Ciudad) en la que entre otros productos de importación vendían bebidas alcohólicas y diose la casualidad de pasar entonces por allí, otra Dama igualmente vestida a lo occidental, que después de saludarnos en perfecto inglés y conversar un rato con nuestro Tárik, resultó ser una de las principales Autoridades Gubernamentales Turísticas del País.
En otra ocasión nos llevó a “su” Barrio para invitarnos y degustar un café auténtico Turco... “Trilita explosiva” Señores, negro y espeso, a un paso de tener que ser consumido con cucharilla... por cortesía y con visible esfuerzo lo acabamos, para regocijo de sus amigos que llenaban aquél Bar de la parte “nueva” de Estambul.
Déjenme, antes de iniciar el recorrido hacia Capadocia que someramente exponga unas impresiones de Estambul (no profundizo para no re-escribir los elogios tantas veces manifestados en páginas viajeras) Añadiré algunos comentarios a las fotografías que adjunto.
Para mí (imagino que a todo visitante) lo más impactante fueron las visitas a Santa Sofía, Topkapi, Mezquita Azúl y Las Cisternas. También la cortesía y buenos modos de la gente, si bien, creí notar una cierta tristeza y seriedad en su relación en sociedad, que contrastaba vivamente con la alegría y desparpajo de nuestro grupito.
Es notoria también, una cierta relajación, al menos hacia los extranjeros, en la rigurosidad de las normas religiosas, permitiéndonos la entrada en todas partes. Por otra parte, admitió Tárik que en privado, el consumo de bebidas alcohólicas no está mal visto.
De muy buena mañana salimos hacia Ankara, Capital de la Nación y pasamos de Europa a Asia, atravesando el Bósforo por el moderno puente Fatih Sultan Mehmed de un kilómetro de largo, apodado “el segundo” al ser construido en 1988, años después del primer puente del “Bósforo”.
La carretera estaba en bastante buen estado y mayoritariamente autovía. Sin embargo, el límite de velocidad es bastante restringido y escrupulosamente respetado. La policía de carretera, bastante abundante en esta vía, es muy rigurosa, a juzgar por los comentarios de Tárik.
Antes de llegar a Ankara, nos detuvimos en el “mar de sal” y gozamos de un corto paseo por sus blancas playas.
También, al regreso, hicimos parada en un ruinoso Caravasar (Caravansaray) mantenido en pié, imagino, para mostrarlo a los escasos Turistas que se detienen, función muy lejos de su antiguo cometido, dar albergue y amparo a las caravanas de camellos de la Ruta de la Seda. Por cierto, que hace unos días leí un documentado artículo que atribuía al hecho de que los Turcos cortaron el paso de estas caravanas en el siglo XV, lo que impulsó a que Colón, decidiera buscar un nuevo camino, descubriendo América. ¿Quedará algo creíble en los libros de historia?
Pero, lo que sí afianza la historia es la magnífica colección de antigüedades que se despliega de manera cuidada y documentada en el sorprendente Museo de las Civilizaciones de Anatolia situado en Ankara. Recuerdo haber contemplado allí el que se considera el primer plano urbano de la historia y la colección de objetos que se atribuyen a la Tumba del Rey Midas, entre ellos unos encantadores “lagrimeros” de cristal, destinados a contener las lágrimas de los apenados asistentes al entierro del Rey.
Pero la estrella del Museo es su colección Hitita, verdaderamente impresionante.
Un Museo como éste valida con creces una parada en Ankara, ya que no otros atractivos. Háganse con una Guía del Museo para desentrañar bien sus secretos.
Finalmente llegamos a Capadocia y la primera imagen que nos ofreció ya fue impactante.
Una montaña entera salpicada de agujeros negros que eran cuevas excavadas en el blanda piedra y en un tiempo no muy lejano, ocupadas como viviendas.
Algunas, aclaró Tärik, se usan actualmente como palomares. Restos encontrados en estas cuevas se han datado en 4000 años aC.
Esta región ofrece tres importantes singularidades.
Las chimeneas de las Hadas, curiosas formaciones dibujadas por el desgaste del terreno más débil en la parte inferior, por aluviones y a través de los siglos, mientras la parte superior la lava y cenizas provinente de las erupciones de hace millones de años de los tres volcanes de la Anatolia Central, Erciyes Dagi, Asan Dagi y Malendiz, ha resistido por su mayor dureza y consistencia.
Ocurre, que cuando el desgaste inferior es ya demasiado débil para soportar la caperuza, colapsa y sus restos desaparecen, sin embargo, en un proceso continuo, otras formaciones se van formando y las sustituyen.
Las Cuevas vivienda o como en el caso de Soganli, Iglesias Cristinas (existen más de 60) con pinturas rupestres y preciosos frescos del siglo XIII. Es una pena, que posteriores nuevas creencias indujeran a mutilar estas verdaderas obras de arte, borrando las cabezas de casi todos los personajes. Las más famosas son, la de San Jorge (o de la serpiente), la Escondida (llamada así, al estar situada en la falda de la montaña y de difícil acceso) y Kubbeli Kilise de tres niveles y con cúpula, todas ellas cercanas a Kaimakili.
Como digo, actualmente, ninguna de estas cuevas está habitada, pero Tárik nos acompañó a una de bastante difícil acceso que está medio camuflada y es una especie de local, dónde el propietario sirve Narguile y bebidas. No cabrán mas de diez clientes y está confortablemente alfombrado y con profusión de cojines dónde reclinarse, abstraerse y hacer volar la imaginación, rememorando escenas de las recientes novelas del Cura Escritor, Jesús Sánchez Adalid (1962) que relata con maestría y verbo impecable, el mundo Islámico en tiempo de las cruzadas, les recomiendo especialmente “La sublime puerta”.
Pero lo más impactante de esta Región son las Ciudades subterráneas, construidas entre los siglos VII y XII. Fueron excavadas por los Cristianos para defenderse de los invasores extranjeros.
Han sido descritas como hormigueros gigantes y por ejemplo Darinkuyu, tenía 1200 patios en tres niveles subterráneos y llegó a albergar 10.000 personas además de ganado y provisiones para varios meses.
La que nosotros visitamos, Kaimakili, tiene 10 niveles subterráneos y alcanza 40 metros de profundidad a través de serpenteantes y laberínticos estrechos pasadizos de 30 Kilómetros de longitud.
No recomiendo que bajen personas con claustrofobia, a pesar de que las construyeron con un magnífico sistema de aireación con tomas de aire en superficie, previsoramente alejadas y camufladas. Para contener a los invasores, en los pasadizos de entrada, por el que solamente podía pasar una persona, tenían una enorme piedra circular, parecida a la de un molino, que haciéndola rodar en su ajustado encaje, eficazmente bloqueaba el paso a voluntad de los residentes. Incluso, si a pesar de esta protección alguien conseguía pasar, se veía obligado por la estrechez a luchar en solitario. En fin, que el lugar era prácticamente inexpugnable.
Situados en la parte más baja, Tärik invitó a las féminas a bajar por un estrecho pasadizo a una cámara inferior, mientras picaronamente a mi me guiñaba un ojo... al poco, salieron ellas medio mareadas... habían visitado las letrinas, que tienen una aireación directa independiente, pero aún así, el ambiente que se respira no es muy primaveral...
Al contrario de la primera noche en que Tárik, jovialmente nos anunció que después de asearnos nos llevaría a bailar y contemplar un espectáculo de bailes regionales (el enorme local era, como no! excavado en la roca) los danzarines vibrantes y embriagadores, ellos con sus aterradores grandes mostachos y todos danzando con gran energía, mostrando una fiereza, diría que inspirada en las frecuentes y sangrientas contiendas que llevaron a este pueblo a dominar media Europa.
Decía que al segundo día, regresamos al Hotel, notando el nerviosismo por llegar, de Tárik... nos explicó que en los habituales viajes a esta Región, se reúne con la gente local en la cafetería de este Hotel, son grandes especialistas en jugar a una peculiar especie de juego parecido al “backgammon”. Tárik, que está empeñado en ganar una partida al campeón local, considerado y reconocido en toda Turquía, había conseguido concertar con él, una partida para aquella noche y confesó que si lo habíamos notado algo ausente, se debía a que llevaba unas horas preparándose mentalmente para el encuentro...
Al día siguiente, cabizbajo rezongó... la próxima vez!
Antes de regresar, realizamos en Capadocia, una visita a una fábrica de alfombras donde pudimos comprobar lo trabajosa que es esta elaboración artesana. Realmente, estos comerciantes se lo curran, no menos de treinta ejemplares desplegaron ante nuestros ojos y la verdad es que eran de gran belleza todos ellos, lástima que en casa estamos bien surtidos, merced a nuestros viajes a Marruecos dónde prácticamente te obligan inmisericordemente a comprarles, si tienes la desgracia de que el guía te abandone en una tienda del zoco, cualquiera se atreve a salir de este laberíntico barrio por tu cuenta. Aquí en Capadocia el trato es mucho más amable y menos empalagoso. A pesar de que te aseguran que reducirán el volumen de la alfombra a la mínima expresión, enrollada y en un paquete o se ofrecen a enviártela a casa, no me atreví a comprar y les aseguro que después me arrepentí, si van aprovechen-lo, eso sí, prepárense mentalmente a regatear al máximo y a levantarse con gesto de abandonar al menos dos veces!
Dejamos todos Turquía con un toque de su magia en el corazón, especialmente las féminas, ya que los dos varones nos quedamos prácticamente con las ganas de ver alguna muchacha Turca, parece un país poblado exclusivamente por hombres.
Saben practicar bien el dicho que “el buen paño en el arca se