Andalucia, Madrid y Castilla...divagaciones sobre un viaje.
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Hoy me apetece escribir, pero mi mente vagabundea por mis recuerdos tratando de encallar en algún suceso interesante para ustedes y no consigo fijarla en un objetivo determinado... me quedan varios temas inéditos de Francia, también de Alemania... Pero, hoy preferiría decir algo de mi propia tierra, sin embargo, mi reciente viaje invernal a Andalucía, adolece de la luminosidad, color y calor que se le supone a estas tierras. Pero, aún sí, no me resisto a alabar una vez más la belleza, gracia y salero de la Mujer Malagueña... y que buenos son también, sus churros (llamados “calentitos” en estas tierras)
Tampoco, la siguiente etapa por la Comunidad de Madrid y Castilla la Vieja, aparte del siempre agradable reencuentro con familiares, merece mucha narración. >
De hecho, se podría resumir todo el viaje en pocas palabras... lluvia, frío, nieve, hielo en las carreteras... pero, sí que hay algo... vamos, se lo cuento.
Al regresar, cerca de Soria, una increíble nevada que escondía una placa de hielo, me llevó sin remedio, después de alardear involuntariamente de patinador artístico... con dos ruedas en la cuneta (Esta vez no usamos nuestra Autocaravana). A los diez minutos, justo después de llamar a la Grúa y de informarme que como mínimo, tardarían media hora, apareció el Todoterreno de la Guardia Civil de Tráfico. Amables, después de interesarse por si mi Esposa estaba bien, me preguntaron si quería que tratásemos de sacar el coche. Me puse en sus manos y diestramente con una cuerda y el agarre de sus cuatro ruedas, tiraron de él e increíblemente consiguieron sin mas apuros reintegrarme a la carretera en un santiamén.
Este magnífico cuerpo policial, muchas veces vituperado, me prestaron una ayuda impagable en unas condiciones climatológicas difíciles. Mi sincero agradecimiento y por descontado, siguiendo su consejo, cambiamos de dirección para abandonar aquella carretera de segundo orden y continuar por la general de Aranda a Soria.
Quería contarles este episodio que afortunadamente no tuvo mayores consecuencias, como advertencia para aquellos viajeros de otras latitudes que tienen una imagen de nuestra España, muy ajena a estos paisajes invernales.
Claro que podría hablarles de nuestra visita a la Granja de San Ildefonso, pero sus jardines e innumerables fuentes artísticas... sin agua (para evitar la congelación) verdaderamente, no estaban en su mejor momento.
Afortunadamente, por estas tierras, si el bolsillo lo permite, fácil es reconfortarse en sus muchos Restaurantes con los crujientes y sabrosos cochinillo o cordero lechal asados, en Segovia y Aranda de Duero respectivamente y si además lo complementas con un entrante de chorizo, buen queso y morcilla, vas, se lo aseguro... bien servido!
También este viaje me permitió observar y admirar el espíritu valiente de estas gentes de Valladolid, que con temperaturas rayando los cero grados, no se arredran y sacan a los pequeños a la Cabalgata de los Reyes Magos.
Claro, que esto no es nada comparado con lo acaecido a un conocido, que casado con una Mujer Rusa y que estas Navidades las pasaron en sus tierras, contaron que soportaron temperaturas de 24 grados centígrados bajo cero. El Español confiadamente provisto de abrigo y bufanda, tuvo que ser auxiliado por sus suegros con dos chaquetones más y gorro de piel, pero, para su sorpresa, jamás renunciaron a salir a la calle, si estimaban que algo merecía la pena.
Y yo, que me sentía un arriesgado y valiente explorador, cuando hace unos años en Cabo Norte, confortado por la calefacción de la Autocaravana soportamos unas ráfagas de aguanieve a no menos de cero grados.
Paso de hablarles de Segovia con su Acueducto, Catedral y Alcázar porque no haría otra cosa que repetir los múltiples elogios varias veces escritos en estas páginas. También mi visita al artístico pueblo de Pedraza sería una reiteración.>
Con una juventud tan amante de los viajes, pocos lugares se les resisten, solamente nos queda el consuelo a los mayores, de poder relatar ciertas cosas bajo el prisma de la edad y experiencia.
Pero, justo ayer, leía en La Vanguardia, unas declaraciones de una Investigadora Gallega (de Galicia) que dirige un Laboratorio en USA, de la relación entre la realidad y la que nos ofrece el cerebro y (dicho a lo bruto) parece que no hay ninguna (bueno, según ella, la mínima necesaria para no chocar con los muebles).
Parece que de esto se valen los ilusionistas... y los carteristas. Para sus investigaciones, se ha rodeado de estos colectivos y cuenta en su nómina con el ladrón número 1 de Estados Unidos que consiguió “aligerar” a todo el equipo de seguridad del Presidente Jimmy Carter, de carteras, tarjetas de identificación, pistolas y demás enseres personales, sin que ninguno pudiera darse cuenta.
No descubren totalmente sus métodos, pero, nos dan unas pistas... parece que la mente no consigue prestar atención a lo que sucede en un movimiento rápido rectilíneo, solamente retiene el punto A de salida y el B de llegada. No así en un movimiento curvo en el que advierte todo el recorrido. También la risa y las emociones súbitas ofuscan nuestro poder de observación y retención. Otro truco de los ilusionistas es describir lo que acaban de hacer, variándolo ligeramente a su conveniencia y lo que el espectador retiene es lo relatado... no lo que en realidad ha visto. Un consejo... si quieren no ser engañados, asistan a estos espectáculos con una persona “disléxica” su cerebro no se rige con estos parámetros.
Bueno, después de todo esto, quién se atreve a desmentir y reprocharme, si les digo que nada de los 75 relatos que tengo publicados, en realidad sucedió así... que la mayoría de los políticos son honrados, que la inclinación de la Torre de Pisa es sólo una ilusión óptica y que la circulación en Roma es maravillosa!